El sábado pasado un niño tocó timbre a mi puerta pidiendo ropa. Pensé que algo podía tener pero no me iba a ser tan fácil recogerla en pocos minutos de modo que le pregunté si volvería a pasar y me dijo que al siguiente sábado (hoy lo estoy esperando).
Esta semana junté bastante ropa, un acolchado que no está en muy buen estado pero para abrigar sirve y unos juguetes que están impecables pero que jamás cumplieron el cometido de alegrar y embellecer el cuarto de mis hijos (no estoy muy segura de que haya posibilidad de realizar tal objetivo).
En el día de ayer tocó timbre una niña pidiendo ropa. Yo pensé que podía repartir lo juntado ya que era bastante y así lo hice cuidando de poner dos de los juguetes para repartir un poquito de alegría en partes iguales. Me alegraba poder proporcionarles un objeto simpático que fuera más allá de la simple necesidad.
Ella sólo me había pedido ropa pero cuando salgo a entregarle el paquete me dice: "no tendría dos peluches"?.
-"Si. hay dos peluches aquí".
Eran justo los objetos que habían elegido para entregarle.
Hace 15 años que vivo en esta casa y con una frecuencia semanal alguien llama a mi puerta para algún pedido. Nadie pidió algo diferente a ropa o comida (salvo un excepción de vajilla u objetos para la casa). En este largo período nunca se me ocurrió poner un juguete que desde ayer comencé a valorar.
Cuando estas situaciones de sincronicidad acontecen en mi vida me dejan conmovida.
Como si aún en la ignorancia de los datos concluyera una acción perfecta y allí es dónde me pregunto: ¿quién actúa aquí?
Quizá fue días pasados, quizá unos meses atrás en que creías que todo (todo, todo, sin excepciones) era espantoso. Que no había nuevas posibilidades y que nada interesante se presentaba.
Hoy, sin embargo, estás en paz y poco o nada extraordinario ocurrió. Qué ha pasado?
La mente navega ininterrumpidamente y te bambolea de aquí para allá sin tu permiso.
Observate. Mira tus emociones en lo que he dado en llamar microconductas, cuándo aparece, qué la dispara, qué pensamientos siguen a la emoción presentada.
He tomado conciencia hoy de una circunstancia que podría declarar intranscendente: al pasar por cierta calle de Buenos Aires acontecía cierta tristeza. En realidad recién hoy he sido consciente de esto al percatarme de la emoción y poder vincular otros pasajes similares.
He vivido en esa zona y no ha sido una época demasiado bonita para recordar. Creo que mi mente reeditaba la emoción cada vez que la atravesaba. Quizá hoy haya sido la última. De alguna manera presiento que, al haber descubierto a mi mente haciendo este gesto, le quitado el control.
Por momentos parece imposible poder cambiar algo de la realidad que no nos gusta.
Nos ponemos a pensar cómo modificar la situación sin alterar el status quo.
No se puede.
Una situación nueva implica el duelo de algo que existe.
De lo que tienes y haces qué estarías dispuesto a perder?
Quizá ahí sea el lugar donde empezar a pensar...

Las personas están alcanzando los 80-90 o 100 años. Y no son casos excepcionales ni personas que cuidaron su físico de manera especial. La vida se ha extendido, producto de varios factores que no es mi intención descrubir aquí. Lo que sí me interesa es generar conciencia acerca de que la vida necesita dos ciclos productivos.
El primero es el que aconteció hasta ahora: alrededor de los 25 años (período aproximado) las personas consiguen un trabajo, forman una familia, crían hijos.
Alrededor de los 50 el lugar profesional que hayan alcanzado, en la mayoría de los casos, declina. En cierto modo está declinación producía (y produce) frustración, depresión, malhumor, cansancio, etc. porque la persona se ve a si misma como alguien que ha dejado de ser útil.
La buena noticia es que: se trata de todo lo contrario!!!
Mientras a los 25 años la mayor parte no está en condiciones de elegir una profesión relacionada con sus intereses más profundos porque la urgencia de manutención confunde en su prisa, a los 50 podemos comenzar a pensar en aquello que realmente nos interesa y constituya nuestra manera de atravesar la vida de los 50 a los 90 o 100 años.
O quizá incluso haya que pensar en tres ciclos productivos, el tercer ciclo para cuando el físico no acompañe como lo necesitemos.
Para algunos podrá ser esto interpretado como una manera de atravesar los tramos creativamente más que como fuente de ingresos.
Este post es para ayudarte a pensar qué harías después de los 50 años. Espero que sirvan estas preguntas para ayudarte a hacerlo:
¿qué es lo que te identifica claramente ante los demás?
¿qué característica de tu personalidad te ha acompañado de manera especial a lo largo de la vida?
¿Qué harías la mayor parte del tiempo porque te encanta?
¿qué haces que significa un valor agregado para otros y un gusto para tí?
¿en qué se diferencia esto que haces de otros que hacen cosas similares?
¿a quienes reconoces como parecidos en este atributo?
¿Cómo lo desarrollan y explotan?
¿qué otros atributos suman para que lo que haces sea especial como tu mismo?
¿dónde necesitan alguien como tu?
¿a quién puedes servir?
¿Cómo te gustaría que fuera cada uno de tus días?
¿Estás en el lugar que te gustaría vivir, o debes plantearte un cambio geográfico?
Suma tus propias preguntas!!!!
A partir de los 50 cuentas con ventajas:
sabes más claramente qué quieres Y si no lo sabes, sabes que puedes averiguarlo.
Cuentas con aprendizajes y experiencias que no tenías a los 25.
Estás menos influido por lo que los demás opinan, realizas una elección más libre.
Si a los 25 conseguiste insertarte en el mercado laboral, a los 50 no dudo que trabajarás haciendo lo que te gusta. Confía en eso. Esta es la garantía de que lo lograrás.
Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos la energía del amor. Y ese día, por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego.

Del amor unitivo
Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas
que nuestros argumentos y razones
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y en proporciones.
En el tablero de la vida vemos
empeñados a dos que conocemos
a pensar de que no diferenciamos
en un juego amoroso que sabemos
sin ganardor porque los dos perdemos
ni perdedor porque los dos ganamos.
Y asimismo: "No lo detesto, le temo".
El odio es temor. Y el temor, como todas las emociones, es información para nuestro aprendizaje.
Que tengas un bonito día!

Por favor, observen el dibujo.
Si tuvieran un lápiz a mano... ¿qué harían? Lo más probable es que esa interrupción del círculo les genere algo así como un irresistible impulso a cerrarlo, ¿verdad? Desde hace décadas la Psicología le dio un nombre a esa tendencia: Ley de Cierre. En forma innata, el psiquismo humano propende a necesitar la conclusión interna de cada evento psicológico. Y aquello que no cerramos, conserva una carga psíquica que, desde lo inconsciente, puede perturbar nuestra vida personal, exigiendo que ese dolor no elaborado sea atendido. Esto sucede, por ejemplo, en...
* los duelos que hemos suprimido, sin permitirnos asumir su cuota de dolor...
* aquello que no hemos devuelto, y aquello que otros no nos han devuelto...
* lo que no hemos agradecido, y nos pesa en nuestro interior...
* las disculpas que no hemos pedido, y que nos pesan aún más...
* los vínculos cerrados abruptamente, sin que comprendendamos bien por qué...
* lo que empezamos, pero dejamos sin concluir...
* los asuntos traumáticos de nuestra vida cuyo dolor hemos preferido evitar, pero que claman desde adentro ser resueltos;
* los enojos no expresados, y que, sin darnos cuenta, transferimos hacia otras personas de nuestro presente, o lo volcamos hacia nosotros mismos, autosaboteándonos el estar bien...
La lista podría ser más larga. Pero si alguno de esos ítems resuenan en Ustedes, estoy segura de que ya ha comprendido de qué estoy hablando. Parte del pasado no resuelto puede cerrarse a través de acciones externas muy concretas: hablar con quien sentimos que hace mucho debimos hablar, pedir disculpas, dar las gracias aunque hayan pasado años, pagar lo que debemos, devolver lo que no es nuestro...
Otras veces, poco o nada podemos hacer en el mundo externo: porque ciertas personas ya no están, porque están pero acercarnos a ellas sólo agravaría la situación, porque la vida nos ha llevado lejos... Sin embargo, siempre es posible abordar de otro modo esas instancias no cerradas: dentro nuestro.
Cuando hablamos de este tema, podríamos pensar que estas ideas nacen con el Psicoanálisis. No es así! Si indagamos en antiguas disciplinas de Oriente, encontraremos que hay prácticas bien definidas para trabajar con los dolores del pasado. Por nombrar una, por ejemplo, en el Budismo Tibetano (aún encarado de un modo laico) hay una práctica de Visualización que se denomina “Masajear el Tiempo”; en ella, desde un estado profundo, se abordan momentos del pasado que conserven una carga dolorosa y, así como uno puede masajear una zona del cuerpo que está dolida, ayudarle al propio Inconsciente a elaborar lo que aún no haya podido “digerir” por sí mismo. Así es como el círculo se cierra. Y es eso lo que ilustran muchos mandalas.
Este es sólo un pequenísimo fragmento del material del Virginia Gawel de su seminario "Interpretación de sueños" que convidó como como invitación a las cursadas presencial y virtual a llevarse a cabo durante este mes.
La Lic. Virginia Gawel es Psicóloga, escritora, co-Directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires: www.centrotranspersonal.com.ar . donde se imparte el curso mencionado.
La mente tiende a identificar la carencia. Quizá sea este el despertador del deseo pero construir desde la carencia resulta un imposible.
Si necesitamos reparar algo en la casa observamos qué herramientas nos pueden ayudar en tal tarea, miramos con qué contamos. Del mismo modo debemos ver que tenemos que necesariamente nos habla de quienes somos en nuestra esencia más genuina haciendo el esfuerzo de ver qué en nosotros hay de especial, qué haríamos sin ningún esfuerzo, de manera natural.
Así podemos enumerar:
- qué habilidades tengo
- qué recursos morales, éticos
- qué actitudes.
- que me indican mis emociones.
- cuáles son mis fortalezas.
- qué me resulta fácil.
- qué cosas realizo de manera divertida, como un juego y sin embargo, significa una falta de recursos para otros.
Eso que hago de manera especial, simple, divertida, es lo que debo elegir, allí está mi caja de herramientas.
Y si además cuento con recursos económicos, pocos o muchos; cuento con recursos afectivos que me otorgan paz para crear me estoy convirtiendo en un privilegiado.
"Serví y ví que la vida era servicio", dijo Madre Teresa. Bajo este diseño, al que adhiero incondicionalmente, me preguntaré cuál es el servicio que el mundo puede esperar de mí.
Cuando alguien se encuentra aislado, e incluso cuando por algún motivo no sabe qué hacer con su vida, si no tiene en sí los medios para hacer algo vital, para producir algo o para recobrarse, sentirá el hastío como un peso, como una carga, como una parálisis que él no podrá aclarar por sí sólo. El hastío es una de las peores torturas. Es un mal muy actual y que se va propagando. El hombre víctima del hastío, sin medios para defenderse de él, se siente como un ser muy deprimido.
¿Por qué la mayoría de los hombres no nota eso, la clase de mal que es el hastío, cuán penoso es?
Me parece que la respuesta es simple: en la actualidad producimos muchas cosas que se pueden obtener y con cuya ayuda logramos eludir el hastío. Se ingieren píldoras tranquilizantes, o se bebe, o se va de un cóctel a otro o se pelea con el cónyuge o uno se distrae con los medios masivos o se entrega a actividades sexuales, todas con el fin de ocultar el hastío. Muchas de nuestras actividades son intentos destinados a impedir que el hastío llegue al nivel de la conciencia. Pero no olvidemos la desagradable sensación que tenemos con frecuencia cuando hemos visto una película estúpida o por cualquier otro motivo hemos tenido que reprimir nuestro hastío, el malestar que sentimos al notar que eso era en verdad mortalmente aburrido y que no hemos utilizado nuestro tiempo, sino que lo hemos matado.
Este parrafo corresponde al capitulo "Abundancia y saciedad" del libro El amor a la vida. Lo curioso es que fue escrito cerca del año 1980, año para el que uno pensaría que las cosas eran distintas.
Como coach me surgen las siguientes preguntas:
Te pasa esto a menudo?
Qué te mueve a elegir estos encuentros?
Cuáles son los momentos que sí eliges y si hay algo que impide que los elijas más frecuentemente.
Para qué permites los momentos de hastío?
No pierdas de vista qué quieres y Sé el que elige.
Qué harías sin que te pagaran?
Eso. Eso es lo que tienes que hacer.

El coaching es una disciplina que ayuda a las personas a hacer su maravilloso camino de transformación. Para ir del que somos al que queremos ser, del espectador al protagonista.
Invita a descubrir una manera de ser auténticamente propia, despojarnos de creencias limitantes, generar vínculos más constructivos y estrategias más eficaces para ser simplemente más felices.
Y uno comienza a caminar por la vida con un trajecito interno que nos va como de sastre: perfecto, cómodo, natural...
Resulta inconsistente en un diseño natural tan sofisticado como el que habitamos que se nos haya dado la posibilidad de saber qué nos hace felices sin que tengamos la posibilidad de serlo. No tiene sentido.
Un proceso de transformación interior no es sólo es posible, es necesario, porque el mundo que vemos es el mundo que construimos y sólo podemos hacer uno mejor trabajando en lo que verdaderamente tenemos a nuestro alcance: UNO MISMO, siendo a la vez, por esta razón, el entorno más favorable para aquellos con los que vamos eligiendo o cruzándonos en la vida.
Cada acto, cada encuentro, cada circunstancia tiene sentido y uno puede elegir en cada oportunidad el que quiere ser, cobrando conciencia de que cuando no elegimos también estamos eligiendo.
Esta es una invitación a construir el sueño de Gandhi: ser el cambio que queremos ver en el mundo. Abrir nuestro pequeño mundo personal a uno de infinitas posibilidades.

Un joven fue a ver a un sabio maestro y le preguntó:
-Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?.
El sabio no contestó.
El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda.
No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta:
-¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?
El sabio le dijo: -Ven conmigo. Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua y pese a los esfuerzos del joven por desasirse de él, allí lo mantuvo. Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento.
Entonces preguntó el sabio: -Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?
Sin vacilar contestó el joven: -Aire, quería aire.
-¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?
–No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta.
-Entonces -contestó el sabio-, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que querías el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo demás. Debe ser tu única aspiración día y noche. Si tienes ese fervor, conseguirás sin duda lo que quieres.
Texto convidado por www.taquion.com.ar
Da el primer paso...
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Fecha: A confirmar

Las emociones nos "mueven". Tal su etimología su función.
A qué nos moverán, verdad?
Cómo es que nos nacen aún cuando trabajamos en sentido contrario para acallarlos o controlarlos??
Las emociones hablan de nosotros incluso aquello que no queremos oír.
Podremos no prestarles atenciòn pero no podremos evitar que nos visiten porque allí están.
Prestas a ocupar un espacio de mayor protagonismo en cualquier momento y si se nos ocurriera la loca idea de prestarles atención, entender para qué están allí, pronto seríamos otros.
La toma de conciencia tiene implícito otra comprensión y otro control.
Auqnue, como dice Oliverio Girondo, de las múltiples personalidades que le conviven:
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Si usted se reconoce una persona alegre -o sea, naturalmente dotada de buenas ondas- y, a la vez, considera que nadie puede reprocharle amarretismo, sepa que le bastará proponérselo para que su alegría se reproduzca en otras personas.
Donar alegría es uno de los más baratos gestos de generosidad, pero, aun así, se trata de una actitud humanamente exótica, con poquísimos cultores. La alegría es contagiosa, se reproduce de la nada y no hay individuo que se haya visto privado de ella por el hecho de haberla repartido a raudales. En serio, usted podrá comprobar que cuanta más alegría despilfarre, más rápido ha de incrementarse su capital de buenas ondas. A tan curiosa conclusión arribaron psicólogos, sociólogos y etnólogos -básicamente, estudiosos de la salud emocional-, reunidos en Buenos Aires y Helsinki, capital de Finlandia.
Aun cuando cada grupo trabajó por su cuenta, sin tener noticias del otro, lo sorprendente es que desde perspectivas culturales muy disímiles alcanzaron idéntica moraleja: si una persona es alegre, invierte buena voluntad y regala siquiera mendrugos de ánimo jolgorioso, su alegría ha de irradiarse a otra u otras. Porque la jovialidad es contagiosa y las buenas ondas se propagan.
Desde luego, la alegría de buena calidad es difícil de conseguir, tal vez porque eso de prodigarla sin aspiración de recompensa sólo está en la mente y en la naturaleza de seres humanos bastante raros. El mercado pone a disposición de los consumidores toda clase de alegrías de rezago, gruesas y chapuceras, pero las que verdaderamente halagan el espíritu suelen escasear tanto como cualquiera de los sentimientos altruistas.
Sarmiento auspició el "buen reír" en algunos de sus discursos; Martín Lutero creía que Dios lo había dotado de un imbatible escudo protector, la alegría, y el filósofo holandés Baruch Spinoza (en su Etica demostrada según el método geométrico, 1675) se declaró desconfiado de los tipos vocacionalmente inclinados a la amargura. "Tu risa me hace libre,/ me pone alas;/ soledades me quita,/ cárcel me arranca", dice un poema de Miguel Hernández, cantado por Alberto Cortéz.
La distribución de alegrías de buena ley es ciertamente escasa por distintas razones: porque no se cultivan y porque, a diferencia de las tristezas, carecen de prestigio. Ningún artista o escritor que haya inspirado sonrisas mereció la fama de los que hicieron sufrir y llorar, y ningún político alcanzó alguna cumbre sin apelar al gesto ceñudo, al discurso de ronco son y al dedo acusador siempre en ristre.
Es lamentable, pero también la angustia es contagiosa. Y, debe uno reconocerlo, sabe ingeniárselas para cosechar socios y simpatizantes.
© LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1195966&origen=NLTitu
Tiene esta pregunta respuesta para ti?
Y si la empiezas a responder?
* quita lo que hace que te mantengas vivo porque eso no escapa a ningún ser vivo.
* quita lo que tengas en común con tu familia porque eso ya no es distintivo de tí.
* quita lo que compartas con tus compañeros de trabajo, las conversaciones en común.
* sigue retirando lo que coincidas con alguien:
- las perspectivas
- las acciones
- las reacciones
- los intereses
Cuando hayas retirado quizá puedas coincidir conmigo en que eres EL QUE ELIGE.
Eres apenas una línea de decisión entre unos impulsos.
Alguna vez has decidido reaccionar de manera alegre o triste frente a algo? No. No has elegido. Esto te nace como un impulso que muchas veces resulta contrario al que hubieras elegido.
Y cuantas veces eliges de lo que te circunda? No ingresan las acciones de los demás de manera casi imprevista en tu ser y accionan en ti los mecanismos determinados?
Sé el que elige.
Imagina que eres un filtro que selecciona lo que recibe de afuera y lo que debes dar.
Qué quieres dar? Qué eliges recibir?
La vida es un gran banco, retiramos lo depositado con intereses, de modo que al momento de dar, deposita lo que te interesaría recibir.
Y al momento de recibir no selecciones aquello que no crees que sea para tí.
SE EL QUE ELIGE
NO VEMOS LAS COSAS COMO SON.
SON COMO LAS VEMOS.
Para inscribirte en el próximo taller de El Observador escribe a: nbalocco@gmail.com
Algunas razones para hacer el taller:
No te agrada tu trabajo, no logras comunicarte adecuadamente, sentís que haces diferentes cosas y el resultado es siempre el mismo, las cosas no salen como esperas, etc.
Qué aprendés aquí?
A comprender por qué pasa lo que pasa. A encontrar una manera nueva de mirar, de escuchar, de leer el mensaje de los demás. A poner filtro a la información, clasificarla, comprenderla y saber cómo debes interpretar algunas opiniones de las que recibís.
Qué te llevas?
Una nueva mirada de vos mismo y de los demás que te despierta las ganas de ir por mas.
Sólo un aviso: querrás hacer el que sigue al día siguiente y quizá debas esperar un poco más!!
Duración: 2 horas
Lugar: Capital Federal
Fecha: A confirmar







